sábado 1 de mayo de 2010

1Mayo



Hoy 1 de Mayo habría sido su cumpleaños, justo un día antes que el mío, y aunque ya hace a
ños que mi abuelo no está, siempre que le recuerdo a fondo, su ausencia me golpea como si nos hubiese dejado ayer. Esto lo escribí al día siguiente de aquel fatídico 19 de Agosto, no supe expresarme más que a través de lágrimas y papel.


--------


El
teléfono me sacó del sueño. Sentí tu grito en la noche, desesperado, pidiendo ayuda, que me hizo temblar. Mi alma asustada y temblorosa voló desde la cama, al instante volvió a mi oído y susurró: “Algo pasa”.


Mientras iba hacia el teléfono no quería creerlo y un eco de esperanza resonó en mi corazón. “Es otro susto, no hay que alarmarse, espera al lado del teléfono que llamaremos con noticias” me habían dicho hacía unas horas. Y esperé. Y el teléfono ahora sonaba. Y esta vez me arrastró a la pesadilla real. Al descolgar oí llantos que reconocí al instante. Se acabó. Mis lágrimas hacían tanto ruido que me fue imposible escuchar nada más.


Te sentí tan cerca pero tan lejos de repente, el dolor me embriagaba, me mareaba y sólo te oía gritar en mi mente, era tu corazón que llegaba a mí como un adiós que me heló las venas. Todo tan rápido, tan cruel. Pude sentir tu miedo y supe que así fueron tus últimas horas, de miedo, de terror, de saber que te estás alejando y además no puedes decirlo. Faltaba tanta gente a tu alrededor… Sé que te asustaste. Tranquilo, ya pasó.


No me dejaron verte hasta varias horas después, y cuando por fin pude, tú ya no podías verme a mí. Quise hacer añicos aquel cristal para poder ir a abrir tus ojos sabios y que me dijeras algo por última vez. Pero esa última vez ya había pasado, y ni tú ni yo nos dimos cuenta. No supimos aprovecharla, nos engañaron, nos dejaron besarnos y decirnos “hasta luego” cuando en realidad era un adiós.

Te imaginé en aquel coche viejo intentando respirar y tú dándote cuenta poco a poco que no valía la pena, que todo iba mal, muy mal. Este recuerdo aprieta mi cuerpo y exprime todo lo que queda de alegría en mí. No puedo verte así. A esa persona que me ha hecho tan feliz siempre, no. A ti, no.

Te echo de menos. Todavía no me creo que no vaya a volver a verte, a ver tu sonrisa, tu cara, a darte besos y esos abrazos que nos dábamos al vernos. ¿Cómo un corazón tan grande como el tuyo pudo abandonarte así, sin más, sin resistir? Decían que a pesar de todo, tu enorme corazón era débil, pero yo les digo que ójala todas las personas tuviesen uno como el tuyo, aunque no fuese fuerte. El mundo sería de otra forma.

Nunca seré capaz de agradecerte tanta dedicación y admiración hacia mí.

Contigo pasé lo mejor de mi infancia y adolescencia, ya lo sabes. Me encantaba cuando me cogías en tus rodillas a contarme mil historias y cuando desayunábamos juntos a la sombra de los árboles oyendo los pájaros cantar cuando nadie se había levantado aún. Tú con tu botellín de cerveza y yo con otro igual lleno de agua. No me dejabas beber cerveza, y yo estaba empeñada en beber lo que tú bebías. Quería ser como tú.

Solías llamarme reina mora y jurabas que era digna de tal nombre. Yo me reía porque sabía que exagerabas pero tú me decías muy serio que no, que no exagerabas, que mis ojos expresaban todo y mi alegría era digna de una reina, tu reina. Y lo seguiré siendo, siempre llena de orgullo.

Si me vieras ahora ya no lo dirías porque no lo parezco ni lo soy. “No llores, mi reina” me decías de pequeña cuando me hacía daño o me disgustaba, y eso mismo me parece escuchar a veces cuando me siento así. Si pudiera oírlo sólo una vez más saliendo de tus labios te prometería no llorar más. Por nada.

Recuerdo cómo me enseñaste a cuidar los animales, las personas, las plantas, los árboles, a conocerles. No podía soñar con algo mejor que estar contigo a todas horas. Eras mi dios. Ahora sólo puedo decirte GRACIAS.

GRACIAS por todo lo que aprendí de ti y por todo lo bueno que me diste, que es mucho.

GRACIAS por responder a todas mis insistentes preguntas con tus maravillosas explicaciones.

GRACIAS a ti ahora sé lo que es el respeto por cualquier ser vivo, sé lo que es la alegría, me enseñaste a amar, a cuidar y defender al más débil, a soñar, a sonreír, a reír, a jugar, a sentirme libre y feliz intentando siempre no hacer infeliz a nadie en el camino, a que mi alma fuese lo que quisiera ser y disfrutase de las cosas sencillas que la vida ofrece sin pedir nada a cambio. Sé que es ley de vida, pero me quedaba tanto que aprender de tí...

Estés donde estés, ya lo sabes, te quiero infinito.


--------


Recordando a una persona maravillosa.
Nos separaban 50 años, pero nunca nos llegamos a dar cuenta.
















0 Big Bangs:

Publicar un comentario en la entrada

Gracias por tu comentario!