lunes 21 de junio de 2010

Knock, knock




Allí estaba, lejos.

Cuando al fin llegué, quise llamar a las puertas, pero ya no funcionaba el timbre; y el viento había hecho desaparecer todas las aldabas.

"Siempre me quedarán los puños" - pensé.

Pero entonces la madera se resquebrajó en mil pedazos mostrando un 'otro lado' sin vida.

"Demasiado tarde!" - exclamé afligida.

Pero no, no llegaba tarde, sino demasiado pronto, pues todavía quedaban señales de una vida anterior, y no me reconocía en ella.

Decidí que esperaría, y con esos mismos puños anhelantes, construiría mis propias puertas de la nada, y que las vigilaría para reconstruirlas cuando comenzasen a caer.

Puertas, al fin y al cabo, a las que todo el mundo pudiese llamar.

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